Granizada en el D.F.


Algo así esperaba aquel día que escribí esta entrada

No nevó, fue granizada, pero me mantuvo contento. Era un día caluroso en esta etapa godín que ultimadamente me ha dejado sin motivación. El tedio de la repetición y el hastío estaban ahí, como de costumbre. ¿Que me hace continuar en este ciclo poco creativo? La burocracia, el papeleo, los tramites necesarios para cierto asunto pendiente por lo que, una vez mas, debo acudir a la mas privilegiada de mis virtudes: la paciencia.
Aquel día caluroso, empero, se torno oscuro poco a poco, sin que se notase en la oficina hasta que ya era demasiado obvio. Las gotas comenzaron a caer, dando el tempo a la cadencia de la lluvia, lo cual puede llegar a ser atroz, ya que, debido al deficiente servicio del transporte publico y a la sobre población en esta ciudad y su zona metropolitana, se vuelve un caos retornar al hogar. Suerte y ventaja la mía, que vivo tan cerca del trabajo que me puedo dar el lujo contemporáneo de caminar de ida y vuelta.

El sonido del chubasco acrecentaba a medida que pasaba el tiempo, hasta volverse un ensordecedor ruido blanco. Algunos se asomaron a la ventana y dieron a conocer que estaba granizando, como nunca antes había visto en mi vida. Detuvimos las godinezcas actividades y nos asomamos a la ventana. El semibaldio, semifabela que adorna nuestra vista exterior se había embellecido por una capa blanca de granizo, que bien asemejaba a la nieve, aun cuando su consistencia era semejante al hielo que ponen en la sección de pescadería de cualquier supermercado.


Después pudimos ver la avenida principal frente a la oficina, como cubierta de nieve, semejante al plano general de cualquier película hollywoodense decembrina. Ahi estábamos todos, entusiasmados tomando fotos ante tan particular evento. Ya por ultimo subimos a la terraza que estaba cubierta de granizo y cuyo pasto artificial hacia un contraste visualmente estético. Nos tomamos fotografías sosteniendo el granizo. Estuve contento, tanto que hasta me lo decían. Supongo que no sucede a menudo en la oficina, pues normalmente me transporto a mundos interestelares mediante el poder de unos buenos audífonos y el streaming. Fue un buen día.