Khartes V: Cubrebocas

 

 
 
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Te juro que la ultima vez que escribí por aquí de modo exclusivo, no tenía ni la más remota idea de que sufriríamos los embates de un pseudo apocalipsis tan poco compasivo. Que algo tan pequeño lograría condicionar el modo de vida de millones de mis congéneres, de los cuales solamente voy a conocer a unos cuantos y aun así me vuela la cabeza saber que están pasando por algo muy similar a lo mio, en tantísimos aspectos.  

Uno de ellos es el mentado cubre bocas, el pedazo de tela o no se que material que, según hemos comprobado, nos protege del pequeño ser mortal que asola la conciencia y existencia humana.

No recuerdo con claridad las veces que lo use antes de todo esto. Según yo, solamente por curiosidad cuando tenía 5 o 6 años, en el consultorio de alguna de mis tías que son dentistas, después de que la impertinente niñez me hiciera preguntar que era esa cosa que traían en la boca cada que me revisaban los dientes. Con todo el cariño del mundo, alguna de las dos me explicó que se trataba de un cubre bocas, que se lo ponían para algo que a esa edad sencillamente no entendí y me dieron uno para que me lo pusiera y pudiera saber como se siente. Nada especial realmente, no surgió en ese instante ni un pequeño detalle que nos diera la pista sobre su futura omnipresencia. Nadie, ni mis tías las dentistas se imaginaban que cargarían con el por 2 años.

Ahora lo traemos porque si, porque se debe, para salvarnos, para evitar el contagio. Para tratar de contener y detener esta cosa que se ha vuelto un lastre. Se de algún modo que los 30 no deberían ser así, con miedo, con tanta restricciones. Pero es solo inferencia, tan solo una ilusión. Las cosas son como son y están donde deben estar, me debo resignar a eso. No quiero imaginar lo terrible que ha de ser para los niños, no tengo idea si sospecharan que la niñez no se trataba de un día perder contacto con tus amigos y amigas para encerrarte y solo verlos a través de lo plano de una pantalla. No debería ser así, de verdad que no debería. 

Quiero pensar que el cubre bocas es algo temporal, lo suficiente para que no cale en el psique de la humanidad. Sólo tengo una prueba etérea que respalda mi aseveración: no hemos soñado con ellos. Nadie. Ninguno. Quizá estoy siendo muy pretensioso al generalizar de tal forma, pero me estoy basando en lo que dice la historia. Muchos de nuestros abuelos, en mayor o menor cantidad, y dependiendo del contexto social en el que se encontraban, soñaban en blanco y negro gracias a la televisión. Y sabemos bien el enorme impacto que tuvo la caja esa por demasiados años.

Tan solo queda la resignación y el casi alivio de saber que poco a poco esto se esta acabando. Algún día, no muy lejano, nos podremos reunir sin que se requiera ese mal benigno, o ese horrible bendición. Nos sirvió, fue muy útil y le agradecemos, pero tendremos que dejarlo ir, por nuestro bien después de que hizo tanto bien. Se que estaré paranoico un tiempo, y que en lugares muy aglomerados lo usaré, como los chinos y los japoneses que veíamos en las noticias, mucho antes de que todo esto sucediera. Que cuando tenga gripa o sepa de alguien con síntomas me lo voy a poner inevitablemente, porque antes de que todo esto sucediera, yo a fuerzas era el siguiente en enfermarse si alguien ya lo estaba. Con el cubre bocas pasaría menos, mucho menos. Según entiendo, incluso varias gripas se extinguieron en el último año, gracias al bendito cubre bocas, que les privó de acceso a nuestro sistema. 

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